Curso de Cuidado de Heridos en Combate (C-4)

  

Una de las grandes ventajas de ejercer en la Armada es la posibilidad de desarrollar conocimientos y competencias en medicina operativa, disciplina que no se imparte en la Universidad y que es ajena a la práctica en el ámbito civil. Personalmente, ha sido una motivación constante el poder participar en actividades operativas, lo cual la Armada me ha permitido materializar a través de destinaciones en el Cuerpo de Infantería de Marina (DIM Cochrane, en los inicios de mi carrera), la Aviación Naval y la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), además del período de embarco requerido en el grado de Teniente 1°.

curso C4
Considerando que los conocimientos en el área no son parte del currículum del médico general, la Sanidad Naval tiene dentro de sus objetivos el capacitar y entrenar a su personal en este ámbito de desempeño, a través de una serie de cursos que, escalonadamente, permiten lograr un nivel adecuado de alistamiento para cumplir con las tareas que nos son propias, tanto en escenarios de conflicto, como en las (mucho más frecuentes) catástrofes que puedan afectar a nuestro país.


En la actualidad, el Curso de Cuidado de Heridos en Combate es la instancia en la que enfermeros, médicos y odontólogos de las FF.AA. adquieren y entrenan competencias para el manejo de heridos en ambientes de riesgo y austeros, aplicando conceptos de medicina táctica (qué hacer cuando estamos bajo fuego o en escenarios inseguros, cómo priorizamos la atención de múltiples víctimas, qué atenciones se recomienda efectuar primero, cómo definimos la necesidad de evacuar y por qué medio, entre otros), avalados por la evidencia disponible, fundamentalmente derivada de situaciones de conflicto que afectan a países desarrollados (EE.UU., Reino Unido, España, etc.)


curso C4Mi vínculo con el curso C-4 se inició el año 2004, año en que participé como alumna de su segunda versión en Chile. Siete días de alta exigencia física y técnica, pies heridos, músculos adoloridos, pero con una sensación de plenitud que nunca sentí en la práctica hospitalaria. Esto era lo mío. Posteriormente, en 2006, tuve la posibilidad de efectuar el curso en Texas, EE.UU., reafirmando mi convicción de que la decisión de ingresar a la marina había sido acertada ¡Había tanto que desconocía y podía aprender y hacer como médico naval! Luego de eso, participé en forma esporádica como instructor de éste y otros cursos de capacitación de Sanidad.


Después de años de labor operativa, fundamentalmente vinculada a la Aviación Naval (fuente inagotable de aventuras y excelentes experiencias) y estando en una situación de estabilidad relativa, como especialista en Anatomía Patológica en el Hospital Naval, ocurrió el evento más inesperado de mi carrera: fui transbordada a la Academia Politécnica Naval, como Jefe de la División de Instrucción y Simulación Médica. Debo decir que se me fue el alma a los pies, pues ya me había acostumbrado a la paz del microscopio y las labores administrativas. ¿Qué iba a hacer yo, a cargo de cursos que tenían mucho más que ver con el ámbito de la medicina clínica, por no decir eminentemente quirúrgica? "En fin", me dije, "no hay mal que dure cien años".


Hoy, en mi cuarto año como Jefe de la División, veo cuán equivocada estaba en mi apreciación. De todas las experiencias en lo profesional y personal que he podido adquirir en la Armada, esta conjugación de lo operativo y lo docente es, por lejos, la más enriquecedora. Puedo decir que disfruto intensamente con lo que hago, cada día más. Que los desafíos que presenta el planificar, actualizar y desarrollar los cursos de capacitación es una tarea muchísimo más agotadora que los siete días de C-4, pero, al igual que el curso, llena de alegrías y satisfacciones. Nunca me imaginé, empolvada y agotada Teniente "mote" al borde del colapso en un ejercicio nocturno, que un día iba a ser la Directora del curso de Medicina Táctica más grande de la Armada (y de Chile, dicho sea de paso). Que iba a comandar un equipo de trabajo extraordinario, que me iba a encontrar rodeada de instructores de excelencia, a conocer alumnos de tantos y variados orígenes.


curso C4Cada uno de los siete días del C-4 es una aventura en sí mismo, pero las semanas previas son de gran expectación y tensión, verificando cada detalle, estableciendo cada actividad y revisando todo en el escenario y tras bambalinas, con el objetivo de que el curso transcurra sin incidentes. Coordinaciones, reuniones, llamadas, pedimentos, victorias ("¡nos compraron torniquetes nuevos!") y derrotas ("nos bajaron 3 instructores..."). Desde que asumí este puesto, septiembre para mí ya no es el 18... es el C-4. Trincheras, explosiones, helicópteros, heridos simulados y hospitales de campaña. Recorro las estaciones prácticas, veo a los instructores dar lo mejor de sí y a los alumnos ávidos por aprender; contemplo el despliegue logrado después de un año de planificación, agradeciendo el apoyo de mis queridos Infantes de Marina; y, cuando llega el último día, me despido de todos, queriendo ya que empiece el curso del año siguiente.


Puede que quien lea esto piense que es un absurdo, que para esto no estudió medicina. Yo tampoco estudié medicina para esto. Medicina estudié para ser patólogo, especialidad que disfruto inmensamente y ejerzo sin inconvenientes.
Para esto, prepararme y preparar a otros para enfrentar la adversidad y, desde la adversidad, sacar adelante a los pacientes, es que elegí ser Oficial de Sanidad.

 

 

CF Marcela Vidal Marambio

Capitán de Fragata SN
Marcela Vidal Marambio
Médico Cirujano